Un estudio demostró que los adultos que hacían entrenamiento de fuerza durante 90 a 119 minutos por semana tenían un riesgo general de muerte un 13% menor que aquellos que no hacían ejercicio. La reducción del riesgo de muerte fue mayor cuando se combinó el ejercicio aeróbico, pero el efecto adicional de longevidad no fue evidente cuando el entrenamiento de fuerza excedió las 2 horas por semana.