¿Camino sostenible?
⚡ Resumen rápido
EL presupuesto para el año fiscal 27 es la primera señal clara de que el gobierno está listo para pasar de la estabilización al crecimiento, sin incumplir los objetivos macroeconómicos del FMI.
EL presupuesto para el año fiscal 27 es la primera señal clara de que el gobierno está listo para pasar de la estabilización al crecimiento, sin incumplir los objetivos macroeconómicos del FMI.
Después de tres años de dolorosa austeridad y compresión de la demanda, la decisión de reducir el superimpuesto, introducir un estímulo inmobiliario y ofrecer algunos incentivos a las exportaciones indica que el gobierno cree que lo peor ya ha quedado atrás mientras procede cautelosamente a impulsar un crecimiento moderado del 4%. La desesperación es comprensible. La estabilización era necesaria pero nunca suficiente.
Las medidas de alivio son genuinas: los trabajadores asalariados tendrán más para gastar, las pequeñas y medianas empresas con ganancias inferiores a 500 millones de rupias quedarán libres del superimpuesto, los exportadores afrontarán un impuesto mínimo anticipado más bajo sobre la renta y los sectores inmobiliario y inmobiliario han recibido un importante paquete de estímulo. En conjunto, estas medidas revelan un gobierno que intenta reconstruir el consumo, restaurar la confianza del sector privado y generar actividad económica visible. La cuestión, sin embargo, no es si la dirección es la correcta. Se trata de si el camino elegido para crecer es sostenible.
La estrategia de crecimiento se basa en una base históricamente poco confiable. El principal motor del impulso de crecimiento es el sector inmobiliario: impuestos reducidos a la mitad sobre las transacciones inmobiliarias, abolición del impuesto sobre la renta presunta, 71.000 millones de rupias en subsidios a la vivienda y reducción de los derechos sobre los insumos de la construcción. Pakistán ha utilizado esta palanca antes bajo Imran Khan e incluso antes. El patrón es invariable: un breve auge de la construcción, inflación de activos especulativos, capital desviado de la inversión productiva y luego una caída que dura años. El sector inmobiliario genera actividad. No genera exportaciones. Elegirlo de nuevo es un cálculo coyuntural disfrazado de estrategia de crecimiento.
El problema de las FBR es el más importante. El gobierno ha fijado un objetivo de ingresos de 15,26 billones de rupias, un crecimiento de casi el 18 por ciento respecto al año en curso, en el mismo presupuesto en el que ha reducido las tasas impositivas en múltiples categorías. ¿Qué pasa si la FBR se queda corta?
El gobierno enfrenta una elección incómoda: recortar el PSDP a mitad de año, buscar una exención del FMI sobre el superávit primario o introducir un minipresupuesto. Ninguna de estas son buenas opciones y todas se han ejercido antes. El déficit consolidado oculta más de lo que revela.
El gobierno federal no ha reducido su propio gasto. En cambio, ha extraído 1 billón de rupias de la participación de las provincias en el fondo divisible, fijando este acuerdo hasta el año fiscal 29. Luego se requiere que las provincias generen un superávit de 1,8 billones de rupias para que las cifras consolidadas se mantengan. Se trata de una consolidación fiscal por sustracción, no de una reforma.
Un centro que no está dispuesto a recortar su propio gasto y al mismo tiempo obliga a las provincias a tener superávits está redistribuyendo el dolor. El presupuesto es el “primer avance” del crecimiento. La historia completa, con su difícil segundo acto de reforma energética, revisión regulatoria e inversión en productividad, aún está por escribirse. Hasta que así sea, Pakistán seguirá en el camino que lleva de la estabilización al crecimiento: avanzando pero aún sin llegar.
Publicado en Amanecer, 13 de junio de 2026.
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