Guardianas del maíz criollo: conozca las actividades realizadas por mujeres en el interior de SP La feminidad suele asociarse con características como el cuidado, el afecto y la protección. Sin embargo, durante mucho tiempo estas cualidades estuvieron vinculadas a la idea de fragilidad y sensibilidad atribuida a la mujer. Pero hace tiempo que han demostrado que desempeñar esas funciones requiere, sobre todo, fuerza, coraje y determinación. Fue con ese espíritu que los integrantes de la Associação Arte e Vida, de Guapiara (SP), asumieron la misión de preservar las semillas de maíz criollo. También se dedicaron a comprender los procesos de cultivo y conservación de la especie, lo que da como resultado espigas moradas, rojas, naranjas, negras y hasta azules. 📲 Únase al canal g1 Itapetininga e Região en WhatsApp Los trabajos comenzaron en 2008, cuando vecinos rescataron maíz con el objetivo de utilizar la paja en la elaboración de artesanías, lo que llamó la atención de la actriz Paolla Oliveira, quien recibió una pieza de manos de los artesanos. Sin embargo, con el paso de los años, la iniciativa fue más allá de la actividad manual y se convirtió en un compromiso para preservar el patrimonio cultural y agrícola de la región, como explica la artesana Alice de Oliveira, de 57 años, que representa a la asociación. “Rescataron semillas de maíz criollo en la región de Guapiara para iniciar la siembra con el objetivo de utilizar sus pajas de colores naturales en la producción de maíz trenzado. Desde entonces buscamos otras variedades en ferias de intercambio de semillas”. Un grupo de vecinos de Guapiara actúan como guardianes de la semilla del maíz criollo Reproducción/Cañones Paulistas Formado por 15 mujeres y activo desde hace 13 años, el grupo se considera guardián de las semillas ya que asume la responsabilidad de preservar y perpetuar las variedades de maíz criollo. “Trabajamos para preservar, seleccionar y compartir variedades tradicionales de semillas de maíz criollo, manteniendo vivas especies adaptadas al clima local, garantizando la soberanía alimentaria, la biodiversidad y la independencia de las grandes corporaciones de agroquímicos”, señala Alice. Según ella, ser guardián de semillas significa comprometerse a proteger un patrimonio valioso. "Hay que tener mucho coraje. Hay una vida en tu mano, no es solo una semilla. Es una vida que rescataste y con la que conviviste desde que naciste. En el camino se escapó, pero luego la recuperaste. Para nosotros, en el grupo, cuidar y cuidar las semillas es una lucha", dice Alice. La asociación de artesanos responsables del cuidado de las semillas existe desde hace 13 años en Guapiara Archivo personal/Rodrigo Antunes La artesana explica que la actividad que realizan las mujeres enfrenta a vecinos y agronegocios, para que las semillas se mantengan preservadas y sin contaminación externa. En total, cuidan cuatro variedades de maíz criollo y dos de la versión utilizada para palomitas. Además de custodiarlos, las mujeres también se encargan de la siembra, realizada en la zona rural de Guapiara. Según Alice, el proceso de germinación, crecimiento y cosecha puede tardar de cuatro a seis meses. “La siembra se realiza seleccionando las semillas, respetando la fase de la luna, sembrando en luna menguante con un intervalo entre una variedad y otra para no mezclar. Significa mantener vivas las semillas, preservando la soberanía alimentaria, la conservación genética y la autonomía de los agricultores”, dijo el artesano. 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Recientemente enviamos semillas a un artesano en Goiás. Fuimos reconocidas como grupo tecnológico social formado por mujeres, en 2017. Somos las guardianas de la semilla de maíz criollo", dice Alice. 🌽 maíz criollo Para comprender mejor la importancia y presencia de la especie en el interior de São Paulo, g1 habló con el ingeniero agrónomo Edegar Mascari Petisco, de 64 años, residente en Itapetininga (SP). Según el experto, las semillas criollas se refieren a las especies originales, plantadas por los antepasados ​​y que actualmente se conservan. Además de su valor histórico y cultural, juegan un papel importante en la agricultura, ya que sirven como fuente de genes utilizados en programas de mejoramiento genético. “El gran peligro que hoy enfrentan las semillas criollas es la contaminación de estas plantas por el polen del maíz transgénico, que puede viajar con el viento. Esto puede ocurrir si hay un viento muy fuerte, a una distancia que se considera de más de un kilómetro”, explica. Además de preservar la especie, los guardianes también se encargan de sembrar maíz. Archivo personal/Verônica Volpato Para evitarlo, el agrónomo da un consejo: las variedades locales deben plantarse en lugares aislados, lejos de cultivos comerciales, para evitar la contaminación. Señala que en otros países de América Latina, como México y Perú, el material original se perdió por contaminación. “Ellos [el maíz] tienen características muy especiales, ¿no? Con grano negro. Entonces, este trabajo de preservar estas variedades criollas nativas es algo muy chido”, observa Edegar. Según el profesional, las semillas terminaron cayendo en desuso, pues las variedades comerciales presentadas al consumidor ganaron más espacio por sus perfiles más productivos y homogéneos, resultado de un cruce entre cepas. “Los criollos, como producían menos, terminaron quedando de lado. Algunos, muy tradicionales, se siguen multiplicando y logramos llegar hasta hoy. Pero, quizás en el camino, algunas de esas variedades se perdieron debido al maíz comercial”, analiza. La diferencia entre el maíz comercial y criollo está en la apariencia, con granos de diferentes colores y paja de colores. Archivo personal/Ana Cláudia Rocha Braga 🗺️ Ruta del maíz en el interior de São Paulo Pese a esta importante pérdida, el trabajo de las mujeres de Guapiara fue reconocido e incluido en una ruta del maíz, iniciativa producida por una asociación que busca fortalecer el turismo rural en el suroeste de São Paulo. Los integrantes fueron invitados en el año 2018. Para ellos, es una señal de reconocimiento, agradecimiento y que además permite dar a conocer el trabajo desarrollado. El investigador y creador de la iniciativa. Cristina Fachini, 46 años, comparte que este guión es resultado de una investigación que inició hace más de 20 años. "Cuando comencé a trabajar en el Suroeste de São Paulo, busqué identificar cadenas de valor capaces de impulsar el desarrollo rural del territorio. Es una región históricamente conocida como la 'rama del hambre', marcada por bajos niveles de desarrollo humano y baja industrialización. Al mismo tiempo, es un territorio extremadamente rico en biodiversidad y con fuerte presencia de agricultura familiar, que juega un papel fundamental en la conservación de la cultura del país y de la diversidad agrícola", explica. En este recorrido, Cristina encontró que el maíz juega un papel central en la identidad regional. Más que un alimento, integra la historia y la cultura local, marcando su presencia en los sistemas de cultivo, la gastronomía, las festividades, los conocimientos transmitidos entre generaciones y en la vida cotidiana de las comunidades. “La Ruta del Maíz surge como una estrategia de desarrollo territorial que busca transformar este patrimonio en una oportunidad, conectando cultura, producción agrícola, gastronomía y turismo”, comenta. El proyecto se estructuró a partir de un mapeo territorial en el Suroeste de São Paulo, abarcando las ciudades de Itapetininga, Capão Bonito, São Miguel Arcanjo, Ribeirão Grande, Guapiara, Ribeirão Branco, Apiaí, Itapeva, Taquarivaí, Itaberá, Itararé y Bom Sucesso de Itararé. Según Cristina, el itinerario se divide en dos ejes territoriales. El primero conecta Itapetininga con Apiaí, pasando por el Rastro da Serpente y la región de parques naturales. El segundo, que conecta Itapetininga con Itararé, integra Caminhos Tropeiros y la región de Cânions Paulistas. En la Ruta del Maíz los visitantes aprenden desde la siembra hasta el uso del maíz en actividades como artesanías. Archivo personal/Ana Cláudia Rocha Braga y Verônica Volpato De esta manera se identificaron más de 50 emprendimientos y varias recetas tradicionales. “Se identificaron varios actores e iniciativas que fueron fundamentales para la construcción del itinerario, como agricultores guardianes de las semillas criollas, fábricas de harina y monjolos tradicionales, artesanos de paja de maíz, fiestas del maíz, restaurantes de cocina típica y guías turísticos locales”, detalla el creador. La primera fase del proyecto comienza el sábado (13), entre las ciudades de Itapeva e Itaberá, donde los interesados ​​podrán visitar los asentamientos y conocer más sobre la agricultura familiar, la cocina tradicional y la sostenibilidad. Los interesados ​​en participar en este itinerario o los productores que deseen sumarse al proyecto pueden encontrar más información en la página web. 🪴 Participantes del itinerario El punto de “inicio” del itinerario se realiza en Itapeva e Itaberá, en la “Ruta de Agrovilas”. Actualmente, las actividades se centran en la vida cotidiana rural y la producción agroecológica, abarcando asentamientos rurales. Uno de los participantes es Wagner da Silva Carvalho, de 44 años. La tecnóloga en agroecología y educadora ambiental vive en Agrovila 5, ubicada en Itaberá. Para comprender mejor el lugar, Wagner explica que las aldeas son barrios rurales dentro de asentamientos de reforma agraria, entre las dos ciudades. En el espacio viven alrededor de 700 familias, entre asentadas y agregadas. “Este es un espacio donde las familias viven, producen alimentos, preservan la cultura regional y desarrollan iniciativas vinculadas a la agricultura familiar”. El asentamiento, según Wagner, existe desde 1984, siendo uno de los primeros de reforma agraria en el estado de São Paulo. La participación local en el itinerario se dio a través del trabajo realizado en el sitio “Panela Cheia”, y también a través de la preservación del maíz criollo. “Recibimos con mucha alegría la invitación de la ruta del maíz. Fue un reconocimiento al trabajo realizado por nuestra familia durante años. Saber que nuestra experiencia podría contribuir a fortalecer la cultura del maíz criollo, la agricultura familiar y el turismo rural en nuestra región nos deja muy motivados”, comparte Wagner. Otro lugar del itinerario es el quilombo Fazenda Silveiro, en Itararé. Silvane Aparecida Matias, de 47 años, es una de las vecinas y campesinas que integran el lugar. “El quilombo es una finca donde viven actualmente 26 familias, y existe desde 2001. El quilombo fue reconocido como remanente en 2019. La producción aquí en la comunidad es de todo un poco, hay un área de soja, maíz, trigo y también tenemos un área de hortalizas en el campo e invernaderos”, explica. El residente conoció el proyecto a través de una red sociotécnica. Para ella participar en el guión tiene un significado muy importante. “Es parte de mi historia, es poder estar con personas que amamos y aprender cosas nuevas”. Uno de los puntos a los que llega la ruta son los asentamientos entre Itaberá e Itapeva. Archivo personal/Cânions Paulista *Colaborado bajo la supervisión de Larissa Pandori. Texto inicial del complemento Ver más noticias sobre g1 Itapetininga y Región VIDEOS: ver reportajes de TV TEM