Los seis puntos de conexión para combatir el aislamiento
⚡ Resumen rápido
Esta no es la primera vez que escribo sobre Steve Crane. El año pasado escribí una columna (accede al texto aquí) con tus sugerencias sobre cómo hacer nuevos amigos.
Esta no es la primera vez que escribo sobre Steve Crane. El año pasado escribí una columna (accede al texto aquí) con tus sugerencias sobre cómo hacer nuevos amigos. Investigador y especialista en programas de apoyo al cambio de comportamiento, es un auténtico evangelista de la importancia de las conexiones sociales: “Los humanos fueron hechos el uno para el otro”, afirma. También afirma que la evolución de la especie humana se basó en la cooperación y la interdependencia –a la que llama “nuestra superpotencia”– y explica por qué el aislamiento crónico impacta la salud:
Steve Crane: “Los humanos fueron hechos el uno para el otro”
Divulgación
"Es como si la soledad provocara turbulencias internas, que se manifiestan física y mentalmente. En el aspecto físico, se asocia con niveles elevados de cortisol, esfuerzo cardiovascular extra e inflamación crónica; en el aspecto psicológico, conduce a un estado de hipervigilancia, rumiación y depresión".
Crane añade que el aislamiento erosiona las estructuras de apoyo que nos protegen: "Si el individuo se aísla, se vuelve más difícil detectar signos de que necesita ayuda y la respuesta a una emergencia puede llevar tiempo, comprometiendo un resultado favorable. También está la cuestión de la regulación del comportamiento: sola, la persona tiende a desarrollar hábitos menos saludables y esto crea un efecto cascada, que afectará a la prevención de enfermedades e incluso a la búsqueda de tratamiento médico".
Las investigaciones indican que el aislamiento social aumenta el riesgo de muerte prematura en un 32% y el problema está presente en todas las edades. Según la encuesta Social Connection in America, casi tres cuartas partes de los estadounidenses (72%) se encuentran con personas cercanas a ellos no más de dos veces al mes.
A pesar de la ubicuidad de las redes sociales, Crane advierte de la fragilidad de nuestras relaciones reales: el 39% de las personas tiene como máximo dos amigos cercanos con los que puede contar en cualquier situación. En 1990, el porcentaje era del 16%, lo que muestra una disminución en el número de amistades en los últimos 35 años. La participación en organizaciones colectivas, como asociaciones, clubes o comunidades religiosas, siguió el mismo camino de vaciamiento.
Como evangelista, propone “los seis puntos de conexión” que pueden cambiar este sombrío escenario. De hecho, se trata de comportamientos capaces de restablecer los vínculos sociales y la confianza mutua, especialmente en entornos que fomentan la convivencia y el compañerismo. Ellos son:
Vínculos con el barrio: el contacto diario y la red de proximidad con quienes viven al lado.
Relaciones interpersonales directas: vínculos individuales en la vida real.
Trabajo comunitario voluntario: participación en acciones y servicios orientados al bienestar local.
Comunidades de ocio: grupos que se reúnen en torno a intereses recreativos, aficiones y actividades recreativas.
Comunidades de identidades: colectivos que comparten características identitarias, orígenes o experiencias específicas.
Tercer lugar (o tercer espacio): este es un concepto del sociólogo Ray Oldenburg. El primer lugar es el hogar; el segundo es el trabajo. El tercero abarca lugares donde la convivencia se da de manera espontánea, como cafés, plazas, librerías y centros comunitarios.
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