WASHINGTON: El acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha colocado al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en una de las posiciones políticas más difíciles de su carrera, dejándolo atrapado entre Washington, Teherán, sus críticos internos y unas elecciones que se acercan. Durante décadas, Netanyahu construyó su identidad política en torno a tres temas interconectados: su capacidad para influir en la política de Estados Unidos, su determinación de enfrentarse a Irán y su reputación como máximo garante de la seguridad de Israel. El acuerdo emergente ahora ha planteado preguntas sobre los tres. El acuerdo deja sin resolver varias cuestiones que Israel ha considerado vitales durante mucho tiempo, incluido el programa de misiles balísticos de Irán, su apoyo a aliados regionales como Hezbollah y aspectos clave de sus actividades nucleares. Al mismo tiempo, el alivio de las sanciones podría proporcionar a Teherán un importante respiro económico. El New York Times señaló que el acuerdo “omite algunas de las cosas más importantes que Israel quería” y observó que “Israel se encuentra ahora contando las formas en que ha fracasado la gran estrategia de Netanyahu contra Irán”. Para agravar el desafío está la relación cada vez más tensa de Netanyahu con el presidente Donald Trump. El líder israelí se ha presentado durante mucho tiempo como el único capaz de dar forma a la política en Washington. Sin embargo, a medida que avanzaban las negociaciones, Israel se encontró en gran medida al margen mientras Trump criticaba abiertamente a Netanyahu y seguía adelante con la diplomacia. La BBC describió el acuerdo como una “pesadilla política” para Netanyahu, argumentando que socava los pilares centrales de su carrera política y su postura estratégica de larga data sobre Irán. CNN también lo llamó “el momento que Netanyahu temía”. The Guardian destacó el cambio en la posición de Netanyahu en Washington y describió la situación como un “cambio de pesadilla”. Citando a Aaron David Miller, del Carnegie Endowment for International Peace, señaló: “Ningún presidente estadounidense ha hablado jamás con un primer ministro israelí de la forma en que Donald Trump ha hablado de Netanyahu”. Miller también describió el acuerdo como una “derrota estratégica” para Israel, argumentando que refleja la capacidad cada vez menor de Netanyahu para dar forma a la política estadounidense. Una evaluación similar provino del Consejo Atlántico, que dijo que el acuerdo expone una brecha cada vez mayor entre las prioridades de Estados Unidos e Israel. Según su análisis, el giro de Washington hacia un acuerdo diplomático provisional deja a Netanyahu atrapado entre la presión de Estados Unidos para reducir las operaciones militares y las demandas de su coalición gobernante de mantener una línea dura contra Irán y sus aliados. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) también sostiene que la tregua coloca a Netanyahu en una posición políticamente precaria antes de las próximas elecciones de Israel, ya que sus oponentes describen el acuerdo como insuficiente para alcanzar los objetivos de seguridad de Israel y cuestionan si la guerra logró los objetivos declarados. El New York Times describió además a Netanyahu como atrapado entre presiones contrapuestas. "Efectivamente, Netanyahu parecía haber caído en una trampa", escribió. Si se abstuviera de responder a los ataques de Hezbollah, los críticos en su país podrían acusarlo de debilidad. Si tomaba represalias, corría el riesgo de que se lo considerara un intento de descarrilar un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que Trump estaba decidido a asegurar. Que esa evaluación resulte correcta en última instancia dependerá de los términos finales del acuerdo y del resultado de futuras negociaciones. Por ahora, sin embargo, la convergencia de puntos de vista de las principales organizaciones noticiosas internacionales y de los principales institutos políticos de Washington sugiere una conclusión compartida: el acuerdo ha dejado a Netanyahu políticamente debilitado, estratégicamente limitado y enfrentando uno de los períodos más difíciles de su larga carrera política.