SpaceX hace una apuesta a la bolsa que va más allá de los cohetes La carrera espacial del siglo XXI no sólo coloca a Estados Unidos y China en lados opuestos de la Luna. También se opone a dos modelos distintos de financiación para tecnologías consideradas estratégicas en el tablero geopolítico. Por un lado, Beijing avanza a través de empresas estatales, planificación a largo plazo y recursos públicos. Por otro lado, SpaceX recaudó 75 mil millones de dólares (382,6 mil millones de reales) directamente de Wall Street para financiar proyectos que van desde redes de comunicaciones globales hasta inteligencia artificial e infraestructura orbital. (comprende más a continuación) 🗒️ ¿Tiene alguna sugerencia para informar? envíalo a g1 Dado que la salida a bolsa de la empresa de Elon Musk se produce en un momento en el que las dos economías más grandes del planeta compiten por el liderazgo en áreas consideradas decisivas para las próximas décadas, la salida a bolsa amplía la participación del mercado financiero en una carrera tecnológica y geopolítica que va más allá del espacio. 🔎 Una IPO (Oferta Pública Inicial, en inglés) es la primera oferta pública de una empresa, cuando vende parte de sus acciones y comienza a cotizar en bolsa. El objetivo es recaudar fondos para ampliar operaciones, invertir en proyectos o reducir deuda. Misma carrera, diferentes modelos de financiación Durante gran parte de la historia de la exploración espacial (especialmente en la Guerra Fría), el avance tecnológico fue financiado principalmente por los gobiernos. Tanto EE.UU. como la entonces Unión Soviética trataron el sector como una cuestión de interés nacional, destinando recursos públicos al desarrollo de cohetes, satélites y misiones tripuladas. ➡️ En USA, este modelo sigue presente. Creada en 1958, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) se financia con cargo al presupuesto federal aprobado anualmente por el Congreso. Para 2026, por ejemplo, los parlamentarios asignaron 24.400 millones de dólares (124.500 millones de reales) a la agencia, una cantidad equivalente a alrededor del 0,35% del gasto del gobierno estadounidense. Parte de estos recursos financia programas realizados por la propia NASA, pero otra parte llega al sector privado a través de contratos. La misión Artemis II, por ejemplo, contó con la participación de empresas como Boeing, Northrop Grumman y Lockheed Martin en el desarrollo de equipos y sistemas. Gif muestra a los astronautas de la misión Artemis en gravedad cero Reproducción En los últimos años, sin embargo, el modelo americano ha empezado a incorporar un nuevo elemento. Además de trabajar en asociación con el gobierno, las empresas privadas comenzaron a recurrir al mercado financiero para financiar sus propios proyectos de expansión. SpaceX es quizás el ejemplo más visible de esta transformación en la actualidad. 📡 La empresa construyó la red Starlink, amplió su presencia en contratos gubernamentales y militares e incorporó activos vinculados a la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, Musk amplió su influencia dentro del gobierno estadounidense durante la administración de Donald Trump, en la que llegó a comandar el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Para Álvaro Machado Dias, profesor de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), proyectos como Starship, futuros centros de procesamiento de datos en órbita e iniciativas vinculadas a infraestructuras lunares requieren una escala de recursos que difícilmente puede ser sostenida por inversores privados tradicionales por sí solos. Además, según él, la empresa ya ocupa una posición estratégica para los intereses americanos, lo que aumenta la relevancia de sus planes de expansión. "Vale la pena señalar que Musk hace esto en un momento en que SpaceX ha operado durante mucho tiempo como una infraestructura estratégica para el Estado americano: lanza satélites del Pentágono, apoya el principal sistema orbital de comunicaciones militares y se ha convertido en un actor decisivo en conflictos como el de Ucrania. " Por otro lado, en China, la lógica sigue estando más concentrada en el Estado: el programa espacial se impulsa en base a objetivos definidos por el gobierno, con la participación de empresas estatales e inversiones públicas a largo plazo destinadas a ampliar la presencia china en el espacio. Es precisamente en este punto cuando la salida a bolsa de SpaceX se convierte en algo más que una operación financiera. Mientras el modelo chino sigue apoyándose principalmente en recursos estatales, la empresa de Musk pretende recurrir al mercado financiero para financiar una nueva etapa de crecimiento. Diogo Cortiz, profesor especializado en tecnología e innovación de la PUC-SP, observa que este movimiento se produce en un momento en que la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China se intensifica. En su valoración, SpaceX ocupa una posición única porque reúne, bajo un mismo grupo, áreas consideradas estratégicas en la disputa entre las dos mayores potencias del planeta. Según el profesor, este concurso hoy se centra en tres frentes principales: exploración espacial; control de sistemas de comunicación; y la capacidad de procesamiento necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial. “Cuando miramos estas tres dimensiones juntas, queda claro que SpaceX no es sólo una compañía de cohetes. Está presente en áreas fundamentales para cualquier país que pretenda competir por el liderazgo tecnológico, ya sea en la carrera espacial, la conectividad global a través de Starlink o el avance de la inteligencia artificial”, afirma. China y SpaceX aceleran la carrera espacial China corre para alcanzar a los estadounidenses y al propio SpaceX Si SpaceX se convirtió en el principal escaparate del modelo estadounidense de exploración espacial, China aparece hoy como su principal competidor. La disputa involucra de todo, desde misiones lunares hasta redes de satélites y capacidad de lanzamiento. Un estudio realizado por el astrofísico Jonathan McDowell, investigador del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, muestra que China fue la segunda potencia espacial del mundo en términos de número de lanzamientos orbitales en 2025, con 92 misiones. El resultado coloca al país muy por delante de otras potencias espaciales, como Rusia, pero aún lejos del liderazgo estadounidense. En el mismo período, Estados Unidos llevó a cabo 181 lanzamientos, casi el doble del total chino. Más que eso: por sí sola, SpaceX fue responsable de 170 misiones, una cifra superior a la registrada por cualquier otro país. Ver a continuación: Estados Unidos amplía su ventaja sobre China en la carrera espacial Arte/g1 Según Franco Granda, analista senior de PitchBook, es probable que la competencia se intensifique a medida que los dos países avancen en sus programas lunares. “SpaceX está trabajando para lograr el objetivo de llevar a cabo una misión lunar no tripulada en 2027, mientras que Beijing pretende llevar astronautas chinos a la superficie de la Luna para 2030”. La disputa por las constelaciones de satélites La disputa, sin embargo, no ocurre sólo en el espacio exterior. También está en marcha en la órbita terrestre, donde SpaceX ha construido una ventaja que es difícil de ignorar. ➡️ Más que una disputa por la presencia en el espacio, es una competencia por el control de las redes de comunicación que podrán sustentar los servicios de internet, defensa y inteligencia artificial en las próximas décadas. Los datos recopilados por McDowell muestran que, a finales del año pasado, la red Starlink representaba alrededor de dos tercios de todos los satélites activos del planeta. De los 14.100 equipos en funcionamiento, aproximadamente 10.000 pertenecían al sistema SpaceX. La diferencia también aparece en el ritmo de lanzamiento de satélites de estas redes orbitales. Sólo en 2025, EE.UU. fabricó y puso en órbita alrededor de 3.400 grandes satélites de comunicaciones, casi todos ellos destinados a la constelación Starlink (3.267). En el mismo período, China lanzó 195 satélites de la misma categoría. Pero Beijing está intentando reducir esta distancia. Según PitchBook, el país centró sus esfuerzos en dos grandes proyectos: Guowang, una constelación estatal que se espera contenga aproximadamente 13.000 satélites, y Qianfan, una iniciativa comercial prevista para reunir más de 1.296 unidades. Además de su escala industrial, China tiene una importante ventaja geopolítica fuera del círculo tradicional de aliados de Estados Unidos. Según expertos consultados por g1, el país ha estado combinando capacidad industrial, precios subsidiados y relaciones diplomáticas construidas a través de la iniciativa Belt and Road, un megaproyecto global de infraestructura, comercio y cooperación que reúne a más de 150 países socios, con mayor presencia en África, Asia y América Latina. Esta capilaridad internacional, sin embargo, no elimina los obstáculos que enfrentan las empresas chinas en otros mercados. Las restricciones geopolíticas y las normas de exportación adoptadas por los países occidentales (especialmente los aliados históricos de Estados Unidos) dificultan el acceso a contratos comerciales en varias regiones. "El sector comercial de China todavía está entre cinco y diez años por detrás de SpaceX en términos de reutilización, y la segmentación geopolítica significa que los mercados chino y occidental son, en la práctica, arenas competitivas separadas", señala Granda. Banderas de China y Estados Unidos en una calle china antes de la visita de Donald Trump al país, 13 de mayo de 2026 Reuters/Maxim Shemetov