Cómo afrontar la frustración profesional: lo que enseñan los deportistas fuera del Mundial sobre la decepción
⚡ Resumen rápido
Cómo afrontar la frustración profesional: lo que enseñan sobre el tema los deportistas fuera del Mundial Horas antes de la convocatoria oficial de la selección brasileña para el Mundial 2026, el portero Hugo Souza apareció frente a la cámara en su propio canal de YouTube tratando de controlar su ansiedad.
Cómo afrontar la frustración profesional: lo que enseñan sobre el tema los deportistas fuera del Mundial
Horas antes de la convocatoria oficial de la selección brasileña para el Mundial 2026, el portero Hugo Souza apareció frente a la cámara en su propio canal de YouTube tratando de controlar su ansiedad. Rodeado de amigos y familiares, siguió en directo la lista anunciada por Carlo Ancelotti.
En los últimos meses, Hugo había sido convocado frecuentemente por el técnico italiano y atravesaba una de las etapas más consistentes de su carrera.
Entonces, se empezaron a anunciar los nombres: Alisson, Ederson y Weverton. Y no el suyo.
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👨💻 La repercusión fue inmediata. Lo que vimos allí fue la reacción de alguien al darse cuenta de que uno de sus mayores objetivos profesionales no se haría realidad.
Este sentimiento también lo experimentó recientemente el lateral derecho Wesley, quien vio terminar su sueño de disputar su primer Mundial antes de comenzar. Convocado para el torneo, sufrió una lesión en el último amistoso del equipo, contra Egipto, y acabó siendo apartado de la competición.
En las redes sociales afirmó que afrontaba el momento "con la frente en alto" y que volvería aún más fuerte.
Los dos casos ilustran diferentes formas de la misma experiencia: lidiar con la frustración cuando un objetivo profesional largamente esperado se interpone en el camino. No es de extrañar que historias como estas generen tanta identificación.
El portero Hugo Souza quedó fuera de la convocatoria para el Mundial 2026
GIF/Hugo Souza
Según los expertos entrevistados por g1, esto sucede porque las situaciones vividas por Hugo y Wesley dialogan con experiencias que suceden a diario fuera de la cancha.
Se repiten cuando un profesional espera un ascenso que no llega. Cuando alguien pasa meses en un proceso de selección y recibe un rechazo. Cuando años de preparación parecen insuficientes ante un rechazo difícil de explicar racionalmente.
En el deporte, sin embargo, este tipo de frustración suele ocurrir frente a millones de personas.
¿Cómo afrontar la frustración profesional?
Mientras el público sigue quiénes consiguieron un lugar en la selección brasileña, también hay otra cara de la convocatoria: la de los deportistas que necesitan reorganizar emocionalmente su propia trayectoria tras quedar fuera de la competición más importante de su carrera.
Esta reorganización no es sencilla. Principalmente porque, tanto en el deporte como en el entorno empresarial, el rendimiento y la identidad acaban a menudo confundiéndose, explican los expertos.
El investigador de la USP Gustavo Drago, que trabajó en la planificación y seguimiento de la preparación de las delegaciones que compitieron en los Juegos Olímpicos de Beijing, Londres y Río de Janeiro, afirma que uno de los temas que más le llamó la atención a lo largo de su carrera fue comprender cómo personas sometidas a las mismas presiones pueden reaccionar de maneras completamente diferentes.
🕵️♀️ Según él, los estudios demuestran que algunos deportistas, en los partidos fuera de casa, interpretaban el entorno adverso como una amenaza. La presión de la afición, las provocaciones y el sentimiento de hostilidad estuvieron acompañados de cambios fisiológicos relevantes, como un aumento del cortisol, inseguridad y comportamientos más vacilantes en el campo. Otros, en cambio, vieron ese ambiente como estimulante y presentaron respuestas físicas ligadas a la competitividad, mayor intensidad y decisiones más acertadas.
Este proceso ayuda a entender por qué los rechazos profesionales afectan de forma tan diferente a las personas, explica Drago. En la valoración del investigador, el sufrimiento no surge sólo de lo negativo en sí, sino también de la interpretación que cada persona construye sobre ello.
Cuando un atleta queda fuera de una convocatoria importante, o cuando un profesional se pierde un ascenso largamente esperado, el sentimiento a menudo va más allá de una simple frustración. En muchos casos afecta directamente a la autoestima, la identidad y la percepción del valor personal.
Según Drago, esto sucede porque muchas personas construyen su identidad en torno al desempeño. Una carrera ya no es sólo una dimensión de la vida y pasa a funcionar como una medida de reconocimiento, competencia y pertenencia.
Cuando el resultado esperado no se materializa, se corre el riesgo de que la persona deje de ver la situación como un episodio puntual y pase a interpretarla como una definición permanente de sí misma.
En opinión del investigador, aquí es precisamente donde radica la diferencia entre una frustración saludable y una destructiva.
El primero provoca dolor, pero aún permite aprendizaje, adaptación y continuidad.
El segundo transforma el rechazo en una narrativa de incapacidad.
“El problema comienza cuando una persona deja de ver el rechazo como un episodio y pasa a verlo como una definición de valor personal”, afirma Drago.
Los atletas aprenden a reorganizarse después de las derrotas, mientras que en el mundo empresarial existe una demanda poco realista de un crecimiento lineal continuo.
Pexels
Mercado de alto rendimiento
La discusión se vuelve aún más compleja en un mercado laboral cada vez más guiado por la lógica del alto desempeño. Muchos entornos corporativos han comenzado a reproducir una dinámica similar a la de los deportes de alto rendimiento, marcada por exigencias continuas, presión por resultados y exigencias constantes.
La diferencia, afirma Drago, es que el deporte suele ofrecer estructuras de apoyo y recuperación emocional que rara vez existen en la misma medida dentro de las empresas.
🧘♂️ Mientras los deportistas dependen del apoyo psicológico, el control de carga, los periodos de descanso y la preparación mental, muchos trabajadores simplemente viven con la demanda permanente de productividad.
Según el investigador, el cerebro humano tiende a funcionar mejor cuando el desafío va acompañado de un mínimo de seguridad psicológica. Cuando el miedo a cometer errores se vuelve permanente, la mente entra en modo de autoprotección, lo que puede reducir la espontaneidad, la creatividad y la capacidad de toma de decisiones.
"El miedo constante al fracaso hace que el cerebro entre en modo de autoprotección".
En el deporte, según Drago, un deportista excesivamente preocupado por no fallar puede dudar en los momentos decisivos. En el entorno empresarial, esto suele manifestarse como perfeccionismo extremo, procrastinación, inseguridad constante y dificultad para innovar.
Para el socio de Auditoría de CLA Brasil, Thiago Brehmer, la intensidad emocional de estos rechazos también está directamente relacionada con la inversión realizada en el camino.
🏆 Según él, tanto en el deporte como en las empresas hay una acumulación de expectativas, dedicación y esfuerzo en torno a determinados objetivos. Cuando no se materializan, muchas personas sienten no sólo frustración, sino también una especie de devaluación simbólica del propio viaje.
Brehmer cree que el deporte ofrece una lección importante sobre la reconstrucción emocional, ya que los deportistas aprenden desde temprana edad que las derrotas, los recortes y los rechazos son parte del proceso competitivo.
Quedarse paralizado por la frustración puede comprometer la continuidad de tu carrera, destaca el experto. Por tanto, desarrollan la capacidad de reorganización emocional, ajuste de ruta y reanudación de la preparación.
“Los ascensos inmerecidos, los proyectos rechazados o la pérdida de vacantes no deben interpretarse como fracasos definitivos, sino como parte de un proceso continuo de desarrollo y reposicionamiento”.
Sin embargo, en el entorno empresarial esta relación con el fracaso tiende a ser más difícil. Hay una expectativa silenciosa de crecimiento lineal, como si las carreras exitosas se construyeran sin interrupciones, rechazos o pérdida de espacio.
Según Brehmer, la frustración deja de ser saludable cuando pasa a afectar de forma continuada a la motivación, la autoestima y el funcionamiento diario.
🚣♀️ La presión constante por el rendimiento también pone de relieve cómo los debates sobre la recuperación emocional todavía enfrentan resistencia dentro de las empresas, según los expertos. Drago afirma que, en los deportes de alto rendimiento, el descanso no se ve como una pérdida de tiempo, sino como una parte estratégica del rendimiento. Ningún deportista mantiene la máxima intensidad sin una adecuada recuperación física y mental.
En el entorno empresarial, sin embargo, aún persiste una cultura que asocia el compromiso con la hiperdisponibilidad, el exceso de horas trabajadas y la productividad continua.
Para el investigador, esto crea una paradoja cada vez más evidente: las empresas requieren creatividad, claridad emocional, innovación y decisiones rápidas de profesionales sometidos a niveles constantes de agotamiento.
El resultado, según él, es un aumento de la ansiedad, el agotamiento, el insomnio, el agotamiento emocional y la pérdida de calidad de vida.
"No hay alto rendimiento en presencia de agotamiento crónico (...) la sostenibilidad emocional debe entenderse como una estrategia de rendimiento, y no como un beneficio secundario."
Brehmer está de acuerdo y sostiene que las organizaciones capaces de equilibrar las demandas de resultados con la seguridad emocional tienden a formar equipos más resilientes y preparados para afrontar la presión.
“El deporte demuestra que la recuperación no es una pausa improductiva, sino una parte estratégica de la coherencia (...) las organizaciones que entienden esto tienden a formar equipos más resilientes, innovadores y menos vulnerables al agotamiento”, concluye.
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