Una pantalla muestra evaluaciones de riesgo de enfermedades infecciosas para la Copa del Mundo en el Centro de Operaciones de Seguridad Sanitaria de la Universidad de Georgetown en Washington el 3 de junio de 2026. AP/Shelby Lum Mientras millones de aficionados miran los primeros partidos de la Copa Mundial en Estados Unidos, Canadá y México, ya ha comenzado detrás de escena una disputa menos visible: la carrera de las autoridades sanitarias para evitar que el torneo se convierta en un catalizador de brotes de enfermedades infecciosas. La preocupación va mucho más allá de las olas de calor previstas para varias ciudades anfitrionas. Los equipos de vigilancia epidemiológica están monitoreando hospitales, redes sociales e incluso las aguas residuales de las ciudades para identificar signos tempranos de posibles brotes en medio del movimiento de millones de personas durante las próximas seis semanas. A la cabeza de la lista de preocupaciones está el sarampión, una de las enfermedades más contagiosas que se conocen. La alerta cobró fuerza esta semana luego de que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitiera un comunicado llamando a prestar especial atención al riesgo de transmisión durante el evento. La preocupación no es teórica. Estados Unidos ya ha registrado más de 2.000 casos de sarampión en 2026, casi el mismo total registrado durante el año pasado. Al mismo tiempo, Canadá enfrenta brotes de la enfermedad y México ha superado la marca de los 11.000 casos. Ahora en g1 "El sarampión es particularmente preocupante porque las personas pueden transmitirlo incluso antes de darse cuenta de que están enfermas", explica Rebecca Katz, experta en salud global de la Universidad de Georgetown. Según la OPS, una sola persona infectada puede transmitir el virus hasta a 18 personas no inmunizadas. Además del sarampión, las autoridades están vigilando una larga lista de amenazas potenciales. Entre ellas se encuentran el norovirus (responsable de brotes de gastroenteritis y diarrea), la hepatitis A, el rotavirus y enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue y el chikungunya. “Esto es realmente un maratón”, resume Palak Raval-Nelson, comisionado de salud de Filadelfia, una de las ciudades que acogerá los partidos del torneo. Rebecca Katz, de la Universidad de Georgetown, señala datos de aguas residuales que analizan enfermedades infecciosas en el Centro de Operaciones de Seguridad de la Salud de Georgetown en Washington el 3 de junio de 2026. AP/Shelby Lum Vigilancia de alcantarillas para detectar brotes Una de las principales preocupaciones de las autoridades es la llamada vigilancia de las aguas residuales. La estrategia consiste en analizar muestras de aguas residuales en busca de material genético liberado por virus y bacterias. En algunos casos, los signos aparecen días antes de que los pacientes busquen atención médica por primera vez. Informes de seguimiento recientes ya han identificado la circulación de rotavirus, hepatitis A y norovirus en algunas regiones de Estados Unidos, lo que llevó a los expertos a reforzar la atención con la llegada de aficionados. En Dallas, por ejemplo, la vigilancia se amplió para incluir aeropuertos y otros puntos de movimiento masivo de personas. Además, las autoridades locales comenzaron a realizar pruebas en los mosquitos no sólo para detectar el virus del Nilo Occidental, común en la región, sino también para detectar el dengue y el chikungunya. ¿Qué pasa con el ébola? Aunque el brote de ébola en África Central ha suscitado preocupación internacional en las últimas semanas, los expertos consideran que el riesgo de transmisión durante el Mundial es muy bajo. "El ébola no es la amenaza número uno, dos o incluso tres para mí", dice Craig Spencer, un médico de la Universidad de Brown que sobrevivió a la enfermedad después de trabajar durante el brote masivo de África occidental hace más de una década. Según él, otras infecciones tienen un potencial mucho mayor de circular durante el torneo. Jennifer Nuzzo, directora del Centro de Pandemia de la Universidad de Brown, destaca que el ébola tiene características que dificultan su propagación en grandes eventos. A diferencia del sarampión u otros virus respiratorios, la transmisión se produce mediante el contacto con fluidos corporales de personas que ya presentan síntomas. “Una de las ventajas de este virus es que las personas contagian más cuando están realmente enfermas”, explica. Presión sobre los sistemas sanitarios El desafío llega en un momento delicado para la salud pública estadounidense. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) enfrentan restricciones presupuestarias y recortes de personal al mismo tiempo que enfrentan diferentes emergencias de salud. Para reforzar la vigilancia, la Universidad de Georgetown y la red de hospitales MedStar crearon un centro de operaciones que produce informes diarios sobre las tendencias de las enfermedades en las ciudades anfitrionas y los sitios de entrenamiento de los equipos nacionales. La información se comparte con hospitales, departamentos de salud, personal de emergencia y autoridades federales. "Es importante no ser alarmistas", afirma Shane Kappler, especialista en medicina de urgencia de MedStar. "Estamos tratando de ser una capa adicional de seguridad". Para los expertos, el principal mensaje a los aficionados es el mismo que se recomienda en cualquier gran evento internacional: mantener las vacunas al día, especialmente contra el sarampión, cuidar la hidratación durante los periodos de calor intenso y adoptar medidas básicas de higiene, como lavarse las manos con frecuencia. La expectativa es que el Mundial reúna a decenas de millones de personas entre juegos, fiestas, bares y atracciones turísticas. Y, para la salud pública, el torneo también será una prueba importante de la capacidad de detectar y contener enfermedades antes de que adquieran escala.