Imagen de una Andrena regularis bndanforth/iNaturalista Cuando pensamos en las abejas, la imagen más común es la de una colmena colgada de un árbol o instalada en una caja de cría. Pero algunos de estos importantes polinizadores viven en un entorno mucho menos visible: bajo tierra. 📱 Recibe contenidos de Terra da Gente también por WhatsApp 📱Marca g1 en Google y sigue las principales noticias del día El tema ganó protagonismo tras el descubrimiento de millones de abejas en una zona de cementerio en Nueva York, Estados Unidos. El caso llamó la atención sobre un universo poco conocido, formado por especies que construyen sus nidos bajo tierra y desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de los ecosistemas. Para comprender cómo funcionan estas estructuras subterráneas, Terra da Gente conversó con Fabio Santos do Nascimento, profesor del Departamento de Biología de la USP de Ribeirão Preto y especialista en insectos. Según el investigador, anidar en el suelo representa la condición más ancestral de las abejas. "En las abejas, los nidos subterráneos son la condición más ancestral o 'primitiva'. Hace millones de años, el ancestro de las abejas, al igual que una avispa, hacía sus nidos en cavidades o excavaba túneles para poner sus huevos en galerías", explica. Vea las tendencias en g1: Ahora en g1 Los nidos construidos sobre el suelo o en cavidades no subterráneas surgieron más tarde en la historia evolutiva del grupo. Este hábito ancestral permanece presente en varias especies que se encuentran actualmente en Brasil. Entre las abejas sin aguijón, conocidas científicamente como meliponinas, unas 50 especies anidan en el suelo. El resto, unas 550 especies descritas, utilizan huecos de árboles, cavidades preexistentes o estructuras aéreas para establecer sus colonias. Vea más noticias de Terra da Gente, en g1: DESCUBRIMIENTO: Serra do Japi revela especies de libélulas nunca vistas en São Paulo 'OCÉANO SIN LUZ': Estudio revela enigma sobre los microbios más abundantes en las profundidades MURIQUI: Reincorporarán grupo del primate más grande de América tras siete años de preparación Arquitectura subterránea Las estructuras construidas bajo tierra varían según la especie. En las abejas solitarias, los nidos suelen estar formados por una galería principal conectada a pequeños túneles. En estos compartimentos la hembra pone huevos y deja el alimento necesario para el desarrollo de futuras larvas. Estructura de los nidos de abejas subterráneos. Archivo personal / Fabio Santos do Nascimento Entre las abejas sin aguijón que viven en el suelo, la organización puede ser mucho más compleja. Los nidos tienen una entrada principal conectada a un túnel de acceso que conduce a la cámara donde se ubican las celdas de cría y las macetas utilizadas para almacenar miel y polen. Toda esta estructura recibe protección adicional a través de una o más capas de batumen, un material elaborado a partir de una mezcla de cera y arcilla. Este revestimiento ayuda a aislar el interior del nido de la humedad y las variaciones de temperatura del suelo. Una estrategia perfeccionada durante millones de años Individuo de la especie Andrena regularis mantis / iNaturalist Las abejas existen desde hace millones de años y han pasado por diferentes periodos de cambio ambiental a lo largo de su evolución. Según el investigador, a lo largo de este proceso se mejoró la arquitectura de los nidos, los ciclos biológicos y las conductas defensivas. "Podemos decir que la arquitectura bien protegida de los nidos, sus ciclos biológicos y su comportamiento defensivo han ido mejorando a lo largo de estos millones de años", afirma. Entre las abejas sin aguijón, la capacidad de almacenar alimentos en frascos de miel y polen también funciona como una importante estrategia de supervivencia. Estas reservas ayudan a las colonias a afrontar períodos más críticos, marcados por condiciones climáticas desfavorables. Amenazas crecientes A pesar de su larga historia evolutiva, las abejas enfrentan presiones cada vez mayores causadas por las actividades humanas. La expansión urbana reduce los espacios disponibles para la nidificación, mientras que la creciente mecanización de los suelos en las zonas agrícolas altera los entornos utilizados por diferentes especies. "Las abejas están perdiendo espacio ante la creciente urbanización y también ante la creciente mecanización de los suelos en los espacios agrícolas", advierte Nascimento. Por tanto, la preservación de fragmentos naturales, bosques y áreas protegidas se considera fundamental para el mantenimiento de estas poblaciones. Además, la importancia de las abejas va mucho más allá de la producción de miel. La polinización realizada por estos insectos es un servicio ecosistémico fundamental para innumerables plantas nativas y también para varios cultivos agrícolas. Imagen ampliada de una Andrena regularis cedarbee/iNaturalista Según el investigador, muchas especies de plantas dependen de abejas específicas para completar su proceso de reproducción. La reducción de estas poblaciones puede causar impactos significativos en las cadenas ecológicas construidas durante millones de años de interacción entre plantas y polinizadores. "La ausencia de abejas causaría sin duda un problema ecológico importante, ya que varias especies de plantas dependen exclusivamente de abejas específicas para su polinización", destaca. Una señal positiva en el patio. El caso registrado en el cementerio estadounidense ilustra lo que puede suceder cuando una especie encuentra condiciones favorables para establecerse. Según el investigador, la abeja solitaria Andrena regularis encontró en el lugar un ambiente propicio para anidar, con vegetación disponible y escaso movimiento de personas. Estas características favorecieron una expansión poblacional inusual. Por lo tanto, encontrar la entrada a un nido en el patio trasero, en un terreno o en otra zona cercana a la casa puede verse como una señal positiva. Según el experto, la presencia de estas abejas indica que el ambiente sigue ofreciendo condiciones para la supervivencia de una especie nativa importante para el equilibrio ecológico. "La persona puede considerarse afortunada, ya que está manteniendo una especie autóctona que cumple su papel en el ecosistema", concluye. Además, las generaciones posteriores tienden a reutilizar los mismos sitios de anidación, manteniendo el ciclo de vida de estos polinizadores que ayudan a sostener la biodiversidad de los biomas brasileños. VIDEOS: Lo más destacado de Terra da Gente Ver más contenidos sobre naturaleza en Terra da Gente