En su mejor momento, Alejandro conquistó gran parte de la masa de tierra conocida por los antiguos griegos, que todavía representaba sólo el 3-4% de la masa terrestre real del mundo, y supuestamente lloró porque no quedaba tierra por conquistar. Su tocayo, en cambio, tenía otro motivo para llorar: su incapacidad para conquistar el único territorio que lo seguía derrotando: un Grand Slam.