A medida que la crisis climática alimenta incendios más intensos, empujándolos a nuevas partes del mundo, quienes los abordan se ven obligados a racionar los recursos y decidir contra cuál combatir. César Alcaraz acababa de convertirse en bombero a finales de la década de 1990 cuando se vio emboscado por un incendio que avanzaba rápidamente. Apenas capaz de respirar y sin más agua en su camión, él y sus colegas huyeron de un infierno que asolaba la región montañosa del Montgó en España, deseando que sus jefes hubieran enviado más apoyo. Pero casi tres décadas después, como oficial de los bomberos provinciales de Alicante, Alcaraz siente más simpatía por las decisiones agonizantes que los comandantes tienen que tomar. Cuando los incendios forestales arrasan una zona, su trabajo se parece al de un médico en una sala de urgencias con muy pocos ventiladores. Continuar leyendo...