Junto a los arrozales, está desapareciendo una infraestructura centenaria que trataba el agua como un regalo a compartir I Putu Partayasa hunde los dedos en la tierra mientras se agacha en el borde de una terraza de arroz. Salen secos. Su campo tiene agua; el de su vecino no. "Tenemos un gran problema en la estación seca", afirma. "Hace quince años teníamos agua todos los días, pero hoy es cada vez menos". Este hombre de 52 años, que se llama Parta, tiene suerte porque su parcela está lo suficientemente alta en el sistema de riego como para poder seguir recibiendo su parte de agua. Teme saber adónde va el resto. "Las empresas toman nuestra agua", dice, "y la llevan a los lugares turísticos". Señala las terrazas de abajo, un mosaico de verde y marrón que alguna vez fue todo verde. "El bosque se está haciendo más pequeño. Los manantiales se están secando". Continuar leyendo...