En la primavera de 1993, a Masaki Yoshida, ex director del banco, se le encomendó la reconstrucción del Banco de Hyogo, que se había convertido en una fuente de inestabilidad crediticia. Después de rechazar repetidamente el puesto, decidió aceptarlo, pero se sorprendió cuando se enfrentó a la realidad de las deudas incobrables que excedían su imaginación. El mito de que los bancos nunca caerán está empezando a desmoronarse...