Un destacado capitalista de riesgo aboga por una caída del mercado de valores, argumentando que es un catalizador necesario para el avance tecnológico. Él cree que las valoraciones infladas actuales y el gasto excesivo en centros de datos son insostenibles. Sostiene que esta crisis allanará el camino para una "edad de oro" más sólida, al obligar a la sociedad a reevaluar el papel de la tecnología e impulsar reformas institucionales esenciales, que en última instancia conducirán a una distribución más equitativa de sus beneficios.