'Estaba esperando adelgazar para vivir': bailarina de la Unicamp convierte experiencia con gordofobia en investigación y espectáculo
⚡ Resumen rápido
Bailarina utiliza las redes sociales y el escenario para combatir la gordofobia en la danza Ale Carmona La bailarina Júlia Del Bianco, de 38 años, transformó la presión estética que sufrió en el ballet en investigación académica y activismo en Campinas (SP).
Bailarina utiliza las redes sociales y el escenario para combatir la gordofobia en la danza
Ale Carmona
La bailarina Júlia Del Bianco, de 38 años, transformó la presión estética que sufrió en el ballet en investigación académica y activismo en Campinas (SP).
📲 Únase al canal g1 Campinas en WhatsAp
Después de enfrentar problemas de salud en su juventud por intentar alcanzar una delgadez extrema, utiliza las redes sociales y su maestría en la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) para demostrar que los gordos también saben bailar.
Presión estética y activismo
Nacida en Limeira (SP), Júlia dice que siempre le gustó bailar. Sin embargo, cuando era adolescente se dio cuenta de que su cuerpo no cumplía con el estándar requerido por el ballet. Entre finales de los 90 y principios de los 2000, cedió a la presión estética.
Para intentar alcanzar el peso considerado ideal, la bailarina recurrió a dietas restrictivas y medicación. Esta búsqueda provocó heridos y enfermedades. Incluso después de graduarse y comenzar a enseñar, continuó enfrentándose a prejuicios.
La perspectiva de Júlia cambió tras la muerte de su hermano, hace unos diez años. "Empecé a pensar en qué estaba haciendo con mi vida, si realmente estaba viviendo o simplemente esperando perder peso para vivir", recuerda.
Fue entonces cuando descubrió el movimiento "body positivo" y el activismo gordo. Para el artista, la agenda va más allá de la autoaceptación. El tema involucra el derecho a la dignidad, como el acceso a estructuras adecuadas y tratamientos de salud sin discriminación.
Con este cambio, Júlia pasó a producir contenidos en las redes sociales. El objetivo es demostrar que los cuerpos no estándar también pueden bailar. La iniciativa atrajo seguidores de otros países y mensajes de personas que volvieron a bailar inspiradas por ella.
"Parece que estoy reflejando lo que pasé y tampoco dejo que la gente se menosprecie", dice la bailarina.
En este proceso, la bailarina buscó referentes en mujeres que la influyeron, como la también bailarina Misty Copeland y las modelos Ashley Graham y Fluvia Lacerda. También destaca el impacto de la profesora de yoga Jessamyn Stanley.
“Era la primera vez que veía a alguien haciendo splits con un cuerpo como el mío, así que dije: vaya, ella es en yoga lo que yo soy en baile”, dice.
Júlia durante el solo 'Não Cabe', creado a partir de la investigación de su maestría sobre la presión estética en el ballet
Iza Serafín
'Máquina rota'
La experiencia personal de Júlia se convirtió en investigación académica. En su maestría investiga los orígenes de los estándares corporales impuestos en el ballet. El trabajo combina teoría y práctica y resultó en la exposición individual "Não Cabe", ya presentada en el Sesc Piracicaba.
El investigador explica que la percepción del peso ha ido cambiando con el tiempo. "Un cuerpo gordo, en el pasado, era visto como algo bueno, porque los recursos eran escasos. Entonces, cuando una persona estaba gorda, era una persona sana, una persona rica", afirma.
Esta visión cambió más tarde. "Con la revolución industrial, sobre todo después de las máquinas y todo lo demás, el cuerpo gordo acabó convirtiéndose en una máquina estropeada", afirma la bailarina.
Actualmente, Júlia advierte sobre un movimiento para volver a valorar la delgadez extrema. Señala que esta tendencia está impulsada, entre otros factores, por la popularización de las plumas adelgazantes.
El investigador también cuestiona el uso del Índice de Masa Corporal (IMC) para clasificar la obesidad. Creada en el siglo XIX a partir de hombres europeos, ella critica el cálculo. "No abarca a las mujeres ni a la diversidad racial. Hay que analizar esto. No todos los gordos están enfermos", señala.
Para Júlia, asociar gordura con discapacidad es un error. "Incluso si estuviera enferma, ¿no tendría derecho a bailar?" pregunta. "Entonces hay que decirle a una persona que tiene cáncer, endometriosis, que tampoco sabe bailar. Ahí es donde tenemos prejuicios. "
Retos de salud y readaptación
Además de las barreras estéticas, la bailarina vive con las consecuencias de un colesteatoma (crecimiento anormal de piel en el oído medio que provoca inflamación). Júlia ha sido sometida a cinco cirugías desde pequeña y perdió la audición de un lado.
La sordera de un lado provoca mareos y afecta directamente a los entrenamientos y presentaciones. Una de las cirugías duró más de cinco horas y requirió un mes de reposo absoluto.
"Permanecer en cama durante un mes ya es difícil. Para un bailarín, es casi la muerte. Entonces, fue un proceso muy largo de aceptación, paciencia y sabiduría”, afirma.
Hoy, Júlia sigue bailando, pero respeta sus límites y su propio cuerpo a sus 38 años. “No voy a ser el mismo de cuando tenía 20 años, no puedo querer eso, tengo que pensar en ahora”, destaca.
Para las personas gordas que quieran iniciarse en el ballet, la profesora tiene un consejo: "Prueba un ambiente, busca lugares que te acojan, que te animen a bailar y no a cambiar de cuerpo. Y hazlo."
*Pasante bajo la supervisión de Gabriella Ramos.
A sus 38 años, Júlia Del Bianco comparte su rutina de movimiento en Internet para inspirar a otras mujeres
Ricardo Deideno
VIDEOS: todo sobre Campinas y la región
Vea más noticias sobre la región en g1 Campinas
← Volver