Mientras Estados Unidos, México y Canadá reciben a millones de turistas para albergar el Mundial más costoso jamás organizado, los beneficios económicos comienzan a repartirse de forma desigual entre los sectores que rodean el torneo. El turismo y las marcas deportivas celebran con altos rendimientos, mientras rubros como el de las apuestas, la construcción y varios clubes de fútbol se quedan fuera de la fiesta financiera. Los aficionados son los que se llevan la peor parte, pagando por ver un mundial que se encareció a la potencia y dejó por fuera a quien no puede costearlo.