Una generación de dramaturgos y directores jóvenes toma distancia de la autoficción y apuesta por relatos, artificio y estructuras narrativas complejas para discutir el presente del teatro porteño. Entre conventos franceses, la Inglaterra victoriana y la Guerra de Malvinas, encuentran en el pasado una forma de debatir la actualidad. Ellos son Mora Monteleone, Mía Miceli, Julián Cnochaert y Valentino Grizutti.