La muerte de Lyhanna es una revelación: la de una ruptura de la confianza de la gente en sus instituciones y, en particular, en el sistema de justicia que no ha sabido proteger. Más allá de las responsabilidades individuales o colectivas, ¿no es el sistema político, al imponer sus leyes o sus visiones sucesivas, el que ha extinguido cualquier deseo de las administraciones de ganar autonomía y de corregirse desde dentro?