El fundador de IKEA, Ingvar Kamprad, vivió una vida notablemente sencilla a pesar de su gran fortuna. Eligió constantemente ropa de mercadillo y viajes económicos, dando un ejemplo personal. Kamprad reutilizó bolsitas de té y comió en las cafeterías de IKEA, evitando opciones costosas para cenar. Sus hábitos ahorrativos surgieron de su educación en la zona rural del sur de Suecia. Esta frugalidad también dio forma a la cultura empresarial y las directrices para los empleados de IKEA.