Los templos japoneses centenarios todavía se reparan utilizando una antigua técnica de carpintería. Este método, llamado kigumi, implica uniones de madera talladas con precisión que encajan sin sujetadores metálicos. La técnica permite que las estructuras resistan terremotos y clima húmedo, lo cual es crucial en Japón. Los maestros carpinteros, conocidos como miyadaiku, transmiten esta habilidad que se remonta a más de 1.400 años. Esta artesanía sostenible garantiza la longevidad de los edificios históricos y reduce los residuos de construcción.