Las fragancias de alta gama suelen incorporar componentes procedentes de secreciones animales e infecciones de árboles, lo que da como resultado aromas distintivos y duraderos. Si bien estos elementos naturales, como los del ciervo almizclero y los castores, alguna vez se buscaban mediante la caza, los perfumistas actuales utilizan predominantemente alternativas sintéticas. Esta transición mejora las prácticas de abastecimiento ético y hace que dichos aromas sean más accesibles para los consumidores globales.