Estados Unidos llevó a cabo una tercera ronda de ataques contra Irán tras acusar a Teherán de atacar un buque comercial de contenedores en el Estrecho de Ormuz. En respuesta, Irán anunció que había cerrado una vez más la vía fluvial estratégica, intensificó los ataques contra instalaciones militares estadounidenses en todo el Golfo y advirtió que cualquier represalia provocaría una "respuesta severa".