Un ex asesor de inteligencia artificial de la Casa Blanca culpa a los líderes tecnológicos estadounidenses por el temor público a la inteligencia artificial, citando sus mensajes "distópicos". Sostiene que esto eclipsa los beneficios de la IA y alimenta la desconfianza, sugiriendo que una "participación pública" en las empresas de IA es crucial para la aceptación. La administración también promete que no habrá una 'FDA para la IA', con el objetivo de evitar obstáculos burocráticos para los desarrolladores.