Guardian recrea en audio el paisaje del pasado lleno de una ruidosa sinfonía matutina antes de que se perdieran 73 millones de aves silvestres Imagínese una abundancia ensordecedora de cantos de pájaros tan fuertes que despierten a sus hijos al amanecer; el chirrido de los gorriones, el parloteo de los estorninos, la melodía del reyezuelo y la flauta aguda y clara de los mirlos saturan el jardín, reverberan alrededor de su parque local y dominan su vecindario desde temprano en la mañana hasta el atardecer. Tan fuerte es el canto del zorzal que el naturalista y ornitólogo WH Hudson escribió en 1919 que al observar uno agradeció que estuviera posado en un árbol a cierta distancia de su casa, “de modo que cuando desperté a las tres o cuatro y media, la voz estridente e infatigable entró por la ventana abierta, suavizada por la distancia y bañada por la atmósfera húmeda hasta alcanzar mayor pureza”. Continuar leyendo...