El 29 de junio, la selección japonesa, que aspiraba a dominar el mundo en el Mundial de América del Norte y Central, fue derrotada 1-2 por la selección brasileña en los dieciseisavos de final y lloró entre lágrimas. Mientras tanto, los países vecinos respondieron a las sugerencias del centrocampista Daichi Kamata, que fue titular en los cuatro partidos y marcó dos goles en total.