Lin Rong-ki, que trabajaba como gerente de una librería en Hong Kong que vendía libros críticos con el Partido Comunista Chino y estuvo detenido por las autoridades chinas durante mucho tiempo, ha fallecido en Taiwán, donde trasladó su base. El presidente taiwanés, Lai Ching-de, expresó sus condolencias publicando en las redes sociales: "El coraje dejado por la señora Lin nunca se desvanecerá".