El 16 de junio, la fragata rusa Almirante Grigorovich abrió fuego de advertencia contra un pequeño yate privado que se acercaba a ella en el Canal de la Mancha. Como resultado, nadie resultó herido. El primer ministro Keir Starmer calificó las acciones de los marineros rusos de "imprudentes", pero dijo que era poco probable que el incidente fuera "malicioso". Al mismo tiempo, los propietarios del yate creen que las autoridades intentan deliberadamente hacerlos parecer culpables para no empeorar las ya tensas relaciones con Rusia.