Sri Lanka, que alguna vez fue un símbolo del colapso económico, ha logrado una notable estabilización. La escasez de combustible y la creciente inflación han disminuido, con el retorno del crecimiento económico y el auge del turismo. Si bien los prestamistas internacionales elogian las reformas respaldadas por el FMI, persisten desafíos importantes como la elevada deuda pública y la baja inversión, lo que indica que la recuperación aún es incompleta y que la transformación es el siguiente paso crucial.