A pesar de los avanzados aviones furtivos, los bombarderos grandes y lentos como el B-52, el Tu-95 y el H-6 siguen siendo vitales. Su inmenso alcance y capacidad de carga útil permiten poderosos ataques nucleares y convencionales, incluso con actualizaciones modernas. Si bien son vulnerables a defensas aéreas sofisticadas, su rentabilidad y capacidad para proyectar poder global garantizan su continua relevancia como elementos disuasorios estratégicos.