Organizada oficialmente para celebrar los 250 años de la independencia estadounidense, la fiesta de cumpleaños de Donald Trump, prevista para el domingo, se parece más a una manifestación política a tamaño real. Al transformar la Casa Blanca en un estadio de MMA y sustituir un concierto rechazado por los artistas por una reunión, el presidente estadounidense deja su huella en una celebración que supuestamente unirá al país.