En Ucrania, más de cuatro años después del inicio de la agresión a gran escala por parte del ejército ruso, las explosiones forman parte de la vida cotidiana en Járkov, una ciudad de 1,3 millones de habitantes. A pesar de las alertas aéreas casi permanentes y la amenaza de misiles y drones rusos, los residentes se aferran a una apariencia de normalidad en un contexto que no lo es.