Al escribir algunas letras y números en mi navegador web, me quedo boquiabierto ante los documentos de identidad de completos desconocidos. El pasaporte de una joven de Alemania. El pasaporte de un hombre de España con gafas apoyadas en la cabeza. El anverso y el reverso de la licencia de conducir de otro hombre, con una expresión estereotipada de tonto en su rostro. Todos estaban desprotegidos en URL públicas, sin contraseña ni control de acceso de ningún tipo. Si te envié un enlace, podrías haber mirado el pasaporte de alguien. "Tenemos que hacer algo al respecto lo más rápido posible, porque la gente lo encontrará y lo revenderá. Causará daño", me dijo Sammy Azdoufal en... Lea la historia completa en The Verge.