La inflación estadounidense alcanzó un máximo de tres años en mayo, disparándose al 4,2% debido al aumento de los precios de la energía, particularmente de la gasolina, impulsado por las interrupciones del suministro en Medio Oriente. Este aumento, el tercer aumento mensual consecutivo, presiona a la Reserva Federal y plantea un desafío político para la administración Trump antes de las elecciones de mitad de período. La inflación subyacente mostró señales mixtas, mientras que se espera que los costos de la energía se enfríen.