La ambiciosa carretera costera de Nigeria, valorada en 11.000 millones de dólares, promete transformar el transporte y el turismo a lo largo de la costa atlántica. Pero a medida que avanza la construcción, ambientalistas, pescadores y aldeanos advierten que el proyecto podría empeorar la erosión costera, destruir bosques y amenazar los medios de vida.