La cuestión de la inmigración ilegal vuelve a ocupar el primer plano de la escena libia, en medio de crecientes temores populares y oficiales sobre cualquier acuerdo que pueda conducir al asentamiento de inmigrantes dentro del país. Esto coincidió con campañas de seguridad masivas en el este de Libia para controlar y deportar a migrantes irregulares, y protestas en Trípoli que llegaron hasta las inmediaciones de la misión de las Naciones Unidas y la sede del Alto Comisionado para los Refugiados.