Más de 100 días después de su muerte en un ataque entre Estados Unidos e Israel, el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, no ha sido enterrado. El prolongado retraso, atribuido a preocupaciones de seguridad para su sucesor Mojtaba Khamenei y posibles daños a los restos, ha alimentado la especulación y ha dejado a la nación en un estado de confusión con respecto al funeral y la transición del liderazgo.