Los centros de datos, cuya multiplicación es esencial para apoyar el crecimiento de la inteligencia artificial, se enfrentan a una creciente oposición de las poblaciones locales. Desde Seine-et-Marne hasta Texas, los residentes locales denuncian sus posibles impactos sobre el medio ambiente, el consumo de energía y la calidad de vida, mientras las autoridades destacan sus beneficios económicos.