La ex candidata Keiko Fujimori, durante una declaración a la prensa en la que anunció que reconocerá el resultado de las elecciones presidenciales de Perú, en Lima, el lunes (19). Reuters/Sebastián Castañeda Por cuarta vez, Keiko Fujimori se postuló para la presidencia de Perú y, por cuarta vez, terminó en segundo lugar. Cada vez, sus derrotas se produjeron por márgenes muy pequeños. La conservadora, que terminó la primera vuelta a la cabeza, con el 17,17% de los votos, es hija del exdictador Alberto Fujimori, que pasó 16 años en prisión por violaciones a los derechos humanos cometidas durante su gobierno. El expresidente falleció en 2024, a los 86 años. Keiko se postuló por primera vez en 2011, cuando fue derrotada en segunda vuelta por el izquierdista Ollanta Humala. Recibió el 48,55% de los votos. En las siguientes elecciones, en 2016, estuvo aún más cerca: perdió con el 49,88% de los votos frente a Pedro Pablo Kuczynski. Cinco años después, en 2021, fue derrotada por Pedro Castillo por un margen similar, con el 49,87% de los votos. En campañas anteriores buscó alejarse de la imagen de su padre. Esta vez, sin embargo, destacó las políticas públicas adoptadas durante su gobierno. Una nueva Keiko Candidata conservadora a la presidencia de Perú, Keiko Fujimori, el 17 de mayo de 2026 REUTERS/Alessandro Cinque A sus 51 años, Keiko Fujimori se dedica a la política desde la adolescencia. Licenciada en administración de empresas en Estados Unidos, fue elegida al Congreso en 2006 con la mayor votación jamás registrada para un parlamentario peruano. ✅ Sigue el canal de noticias internacionales g1 en WhatsApp Como gran parte de la clase política del país, también pasó años bajo investigación por presunta financiación irregular de campañas. El caso fue abandonado el año pasado. Entre 2018 y 2020 estuvo detenida dos veces en prisión preventiva y pasó casi un año y medio en prisión. En la campaña más reciente, Keiko se presentó como la candidata más capaz de restablecer el orden y la estabilidad en el Perú. También exploró el contexto de violencia que vive el país, marcado por un aumento de homicidios y extorsiones. Las preocupaciones de los votantes sobre la seguridad crearon una especie de nostalgia por el estilo de gobierno de Alberto Fujimori: en la década de 1990, derrotó a las guerrillas del grupo Sendero Luminoso con el apoyo de las Fuerzas Armadas. En esta ola, Keiko prometió medidas de seguridad estrictas, leyes antiterroristas más estrictas y un papel más amplio para los militares en la lucha contra la violencia. El discurso más duro y la alineación con algunas de las ideas de su padre fueron vistos como el surgimiento de una "nueva Keiko". Aún así, el partido se esforzó en diferenciarla de Fujimori, presentándola como una candidata más democrática que su padre, quien dio un autogolpe después de ser elegido presidente.